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Author Archives: Nelson Rodriguez
Testificando en un hospital militar
DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
«Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, y pidió al jefe del servicio de palacio que no le obligara a contaminarse con tales alimentos». Daniel 1: 8
CUANDO ME INFORMARON que realizaría mi año de servicio de odontología en un hospital militar mis compañeros bromeaban y me preguntaban si usaría el uniforme militar. Cuando me presenté ante el médico encargado para coordinar el inicio del servicio este me informó que tendríamos una clase los sábados. Le informé que yo no podría asistir. El se limitó a decirme: «Bueno, esas son las reglas del servicio».
Salí preocupada de esta primera entrevista, pero confiaba en que si Dios me había guiado hasta allí era porque tenía un plan conmigo. Llamé a mis padres para pedirles que oraran por mi situación y ellos no solo oraron sino que llevaron mi pedido de oración ante todos los hermanos de la Asociación Olmeca.
Confiando en Dios y sabiendo que contaba con las oraciones de mi familia y mis hermanos en Cristo me presenté a la segunda entrevista, donde se definiría mi caso. Había decidido obsequiarle unos libros adventistas al encargado del servicio. «Quizás eso me ayude», pensaba. Cuando pasé a la oficina el encargado me comunicó que ese año habían decidido eliminar las reuniones en sábado. ¡Imagínate lo feliz que estaba! Pero ese no es el final de mi historia.
Durante el servicio teníamos el privilegio de recibir una comida en el hospital. Esto suponía un desafío para mí, pues soy vegetariana y en el hospital no servían comida vegetariana así que cada día los demás médicos me veían seleccionar lo poco que podía comer. Ante esta situación algunos amigos que había hecho allí bromeaban conmigo diciéndome que si no comía carne no podría terminar con éxito mi servicio.
Cuando finalicé el servicio los encargados me llamaron y me dijeron: «Tu servicio ha marcado una diferencia aquí. Queremos solicitar a la Universidad de Montemorelos que siga enviando alumnos así como tú, con tus principios y que trabajen con el mismo sentido de excelencia que tú». Al escuchar esas palabras agradecí a Dios por la oportunidad que me brindó de darlo a conocer en aquel hospital.
Hoy tienes el privilegio de iniciar un nuevo día y la oportunidad de dar a conocer a Dios con tus acciones. ¡Aprovecha esa oportunidad!
Salem Robles Moreno,
México
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Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
La oración de los seis mil
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Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
«Por lo tanto, mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús». Filipenses. 4: 19
INGRESÉ EN EL AÑO 2008 a la Universidad de Linda Vista para estudiar Teología. Uno de los trabajos que tuve que realizar fue el de recoger la basura. Era un trabajo divertido porque todos los que íbamos a bordo del camión hacíamos chistes. Poco tiempo después me cambiaron de trabajo y ahora mi nueva responsabilidad era reparar las líneas telefónicas del campus. Mi nuevo trabajo me resultaba aburrido, pero no tenía otra opción y de paso adquirí una destreza muy útil.
Al final de mi primer año la crisis financiera golpeó mi familia así que mi padre me dijo: «Tendrás que colportar». No me gustó la noticia pues nunca había colportado. El primer día de trabajo lloré. Me encontraba solo, sin dinero y lejos de mi familia. Le presenté al Señor el desafío: mi padre solo podía pagar una parte de mis estudios, y me había dicho que pobremente estudiaría fuera del internado (externo). Le pedí a Dios que proveyera de tal forma que no tuviera que estudiar como externo.
Terminó el verano y regresé a la universidad con la capacidad de pagar seis mil pesos mexicanos al mes. Para mi sorpresa, la colegiatura había subido de precio y ahora costaba 8,300 pesos al mes. Conseguí un descuento de mil trescientos pesos así que ahora solo necesitaba siete mil pesos mensuales para cubrir mis gastos como interno, pero solo tenía seis mil. Enojado con Dios salí de la oficina de cuentas estudiantiles y justo en ese momento pasaba por allí mi antiguo jefe. «¡Ponce, te necesito, inscríbete rápido! ¡Ñapo se fue y hay líneas que reparar!», me gritó mientras seguía su camino. Le grité: «¡Estudiaré como externo, no tengo dinero!». El se devolvió y me dijo: «Vamos a mi oficina». Una vez allí continuó: «Has hecho un buen trabajo. Te puedo ofrecer una beca de mil pesos mensuales. Serás el responsable de las líneas telefónicas del campus y vivirás en el internado». ¡Justo lo que necesitaba!
Cuando salí de la oficina lloré y le di gracias a Dios. Todavía me conmuevo al recordar esa experiencia.
Hoy no sé cuál es tu necesidad, pero sí puedo decirte por experiencia propia que las riquezas de Dios están a tu disposición. Pide, y él te dará.
Esmael Ponce,México
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Esperando en Dios
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Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
«Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí y oyó mi clamor». Salmo 40: 1, RV95
MI PADRE FUE UN LÍDER COMUNITARIO que defendió a los campesinos de los intereses de los poderosos. Ambos, mi padre y mi madre, conocieron el evangelio y se bautizaron en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Mi padre fue un miembro activo de su congregación, pero buscando «una vida mejor» para sus hijos se apartó de la iglesia y terminó hundido en el alcoholismo.
Mi madre y yo nunca dejamos de orar para que él regresara a los caminos del Señor. El 26 de junio de 2006 mi esposa ingresó al hospital donde le practicarían una cesárea. Llamé por teléfono a mi madre para pedirle que orara por mi esposa. Ese mismo día, a eso de las 2:00 pm volví a llamar para infonnar que todo había salido bien. Mi hermana se alegró y a seguidas me informó: «Papá sufrió un derrame cerebral». En ese momento me sentí desesperado e impotente. ¿Qué podía hacer? Viajar para ver a mi padre implicaba un largo viaje. Con lágrimas oré pidiéndole a Dios que me diera la oportunidad de bautizar a mi padre y que le permitiera vivir para estar presente en mi ceremonia de ordenación al ministerio. Por la gracia del Señor mi padre se recuperó y pudo regresar a su casa poco tiempo después.
En marzo de 2007 mi padre me habló por teléfono y me dijo: «Hijo, te llamo para pedirte que vengas a bautizarme». ¡No lo podía creer! Viajé y muy emocionado bauticé a mi padre. Dos años después, en abril de 2009, mi padre viajó unas doce horas y estuvo presente en mi ceremonia de ordenación. El 22 de julio de 2015 platicamos y le canté sus himnos favoritos. «¿Cuándo vas a volver?», me preguntó. «Muy pronto, papá», le contesté con voz entrecortada. Oré con él y me despedí diciéndole: «Si no nos vemos aquí, nos veremos en la patria celestial». Dos días después, el 24 julio, que era el día de su cumpleaños número 84, Dios lo llamó a descansar.
Esperé treinta y dos años «pacientemente», como escribió David, y Dios «se inclinó a mí y oyó mi clamor». Hoy tengo la esperanza de ver a papá en el cielo. ¿Hay alguien en tu vida que quieras ver en el cielo?
Hoy te invito a orar por esa persona y esperar pacientemente en Dios.
Abraham Morales Villareal, México
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Un sueño hecho realidad
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Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
«Deja tus preocupaciones al Señor, y él te mantendrá firme; nunca dejará que caiga el hombre que lo obedece». Salmo 55: 22
Durante el trayecto por alcanzar tus sueños, la vida puede tornarse difícil, pero al abrir la Palabra de Dios encontramos fortaleza espiritual en sus promesas y en la oración hallamos una fuente de poder divino. Muchas veces caemos en el error de solo creer en teoría, el desafío es permitir que el mensaje de la Biblia se convierta en una realidad.
Mientras estudiaba en la universidad experimenté la angustia de no saber cómo iba a pagar los gastos. Estudiaba enfermería en la Universidad de Linda Vista y a pesar de que ese siempre había sido mi sueño y de que ponía todo mi empeño por hacer lo mejor, sinceramente no sabía qué milagro el Señor haría para resolver mi precaria situación.
Aveces creemos saber cómo Dios debe solucionar el problema y ese fue mi caso. Como jóvenes es muy común orar no para que se haga la voluntad de Dios sino para indicarle a Dios cómo debe actuar él, ¿te has fijado? Muchas veces el Señor actúa en maneras que no comprendemos y cuando nos vemos sin opciones no nos queda de otra más que confiar en su Palabra.
Los días pasaron y el Señor ya estaba trabajando en un plan para alcanzar mi sueño, tenía preparadas grandes sorpresas para mi vida espiritual: el colportaje. Después de haber participado en una escuela de capacitación para colportores empezó el desafío de reunir el dinero que necesitaba para inscribirme el año siguiente. Recuerdo que cada día, al salir a colportar, me repetía: «Lo que para el ser humano es imposible, para Dios es posible», y tengo para contarte que así sucedió, hoy agradezco a Dios porque por medio del colportaje aprendí a confiar en él y obtuve el dinero necesario para costear mis estudios.
La diferencia entre los que alcanzan sus metas y los que viven en un mundo de fantasía, siempre planificando pero nunca hacen nada, radica en quién ponemos nuestra confianza. El texto de hoy nos invita a colocar nuestras preocupaciones en los hombros del Señor, ese es el secreto del éxito y la prosperidad.
Hoy te animo a poner en práctica el consejo del Salmista, me funcionó a mí y te puede funcionar a ti también.
Adaneli Cruz Hinojoza, México.
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No callaré
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Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
«Has cambiado en danzas mis lamentos; me has quitado el luto y me has vestido de fiesta. Por eso, Señor y Dios, no puedo quedarme en silencio: ¡te cantaré himnos de alabanza y siempre te daré gracias!». Salmo 30: 11-12
Creía tener todo bajo control, pero no era así, a mis dieciséis años me diagnosticaron repentinamente leucemia linfoblástica y mi vida dio un giro. Durante el siguiente año recibí ocho sesiones de quimioterapia estando hospitalizada aproximadamente veintiocho días en cada una de ellas.
Había estado en cama por varios días, no había podido tomar un baño y quería hacerlo. Mi madre, quien siempre estuvo a mi lado, le comentó al doctor y este dijo que podía hacerlo. Estaba en un cuarto aislado pues durante el efecto de la quimioterapia mis defensas estaban muy bajas y podía enfermarme fácilmente, así que tenía un baño propio.
Cuando terminé de bañarme empecé a sentir un poco de cansancio, así que mamá me vistió y me senté en la silla de ruedas para ir a la cama, pero cuando la silla se movió apenas un poco me sentí muy mareada, creí que vomitaría y cuando quise decirle a mamá solo salió un balbuceo, me estaba desmayando. Mamá no sabía qué hacer. No había ningún enfermero cerca. Los llamaba y no contestaban. Si salía del cuarto y me dejaba sola, seguramente iba a caer de la silla.
Llegaron los enfermeros y mi médico residente. Aunque mi cuerpo no respondía, podía ver todo lo que sucedía y escuchaba lo que decían, estaba asustada. Nunca me había desmayado. No podía hablar y eso me hacía sentir impotente. Me medicaron y poco a poco me fui recuperando hasta que logré susurrar un «estoy bien», y sonreí.
Dios estuvo junto a mi todo el tiempo, no permitió que cayera, me sacó victoriosa de esa y muchas otras situaciones en las que mi vida corrió peligro. Hoy gracias a Dios me encuentro en remisión completa y estudiando medicina. Dios obró milagros en mi vida, así que no puedo simplemente quedarme callada y pienso que tú tampoco, puesto que tenemos un Dios de milagros, un Dios de amor del cual el mundo tiene una gran necesidad.
Hoy has recibido un milagro: el milagro de la vida, así que comparte lo que Dios ha hecho por ti, sonríe, vive, y utiliza esa vida para honrar y glorificar a Dios.
Melissa Abigail Velazco Pérez, México
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Yo sé en quién he creído
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Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
«El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo”». Mateo. 25: 23
Crecí en un hogar en el que se fomentaba el respeto a los demás y a sus principios. Teníamos una Biblia en casa, pero no la usábamos, conocíamos de Dios porque desde pequeños nos hablaron de él, pero sin dirigirnos hacia una entrega a él.
Siempre me ha apasionado la lectura y durante la adolescencia tuve el interés de estudiar la Biblia. Estudié un técnico en soldadura industrial. Cuando finalicé mis estudios decidí bautizarme, al enterarse, mi padre se enfureció, y aún más cuando se enteró de que varias empresas deseaban que trabajara para ellos, pero que las había rechazado porque no trabajaba los sábados. Papá me amenazó con expulsarme de la casa, pero decidí mantenerme fiel a Dios.
Le comenté a mi padre que un día me vendrían a buscar hasta la casa para que no trabajara en sábado, mi padre se burló diciendo que a nadie lo vienen a buscar a su casa para contratarlo, a lo que contesté: «Muy pronto lo verás», y agregué: «Yo sé en quién he creído». No muchos días después llegaron a casa representantes de una empresa, mi padre los recibió y platicaron con él, mientras yo regresaba después de haber pasado el día buscando empleo. Al llegar me expresaron el interés que tenían por mis servicios, les dije: «soy adventista del séptimo día, no trabajo los sábados». Ellos dijeron: «Tu solicitud dice que eres adventista del séptimo día y ando buscando una persona de confianza, he trabajado con adventistas en otros países y eres el único de todas estas solicitudes que cumples con el perfil, ahora pregunto: ¿quieres ser parte de nuestro equipo?». Mi respuesta fue un rotundo sí.
Mi padre no podía creer lo que veía, me abrazó y me dijo: «Ahora sé en quién has creído». Esta experiencia fortaleció mi fe y después de un tiempo ingresé a la facultad de Teología y hoy soy un joven pastor.
Te invito a que ante las adversidades de la vida confíes fielmente en el Creador y verás cómo él envía sobre ti las más ricas y abundantes bendiciones.
Eulalio Marín Vicencio, México
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Yo sé en quién he creído
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«El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo”». Mateo. 25: 23
Crecí en un hogar en el que se fomentaba el respeto a los demás y a sus principios. Teníamos una Biblia en casa, pero no la usábamos, conocíamos de Dios porque desde pequeños nos hablaron de él, pero sin dirigirnos hacia una entrega a él.
Siempre me ha apasionado la lectura y durante la adolescencia tuve el interés de estudiar la Biblia. Estudié un técnico en soldadura industrial. Cuando finalicé mis estudios decidí bautizarme, al enterarse, mi padre se enfureció, y aún más cuando se enteró de que varias empresas deseaban que trabajara para ellos, pero que las había rechazado porque no trabajaba los sábados. Papá me amenazó con expulsarme de la casa, pero decidí mantenerme fiel a Dios.
Le comenté a mi padre que un día me vendrían a buscar hasta la casa para que no trabajara en sábado, mi padre se burló diciendo que a nadie lo vienen a buscar a su casa para contratarlo, a lo que contesté: «Muy pronto lo verás», y agregué: «Yo sé en quién he creído». No muchos días después llegaron a casa representantes de una empresa, mi padre los recibió y platicaron con él, mientras yo regresaba después de haber pasado el día buscando empleo. Al llegar me expresaron el interés que tenían por mis servicios, les dije: «soy adventista del séptimo día, no trabajo los sábados». Ellos dijeron: «Tu solicitud dice que eres adventista del séptimo día y ando buscando una persona de confianza, he trabajado con adventistas en otros países y eres el único de todas estas solicitudes que cumples con el perfil, ahora pregunto: ¿quieres ser parte de nuestro equipo?». Mi respuesta fue un rotundo sí.
Mi padre no podía creer lo que veía, me abrazó y me dijo: «Ahora sé en quién has creído». Esta experiencia fortaleció mi fe y después de un tiempo ingresé a la facultad de Teología y hoy soy un joven pastor.
Te invito a que ante las adversidades de la vida confíes fielmente en el Creador y verás cómo él envía sobre ti las más ricas y abundantes bendiciones.
Eulalio Marín Vicencio, México
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No es un problema, es una bendición
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«Respeten como sagrados mis sábados, de manera que sean una señal entre ustedes y yo; así reconocerán que yo soy el Señor su Dios». Ezequiel 20: 20
Nací en un hogar adventista, pero realicé todos mis estudios en escuelas públicas, rodeada de gente que no teme a Dios, con principios y costumbres diferentes. Durante mucho tiempo pensé que la del problema era yo porque no aceptaba participar de sus actividades y me rehusaba a asistir a clases en sábado.
En enero de 2012 culminé los estudios universitarios y seis meses después obtuve mi primer empleo. Fue maravilloso ver cómo Dios me bendecía, sin embargo, fue aquí cuando empezó realmente la prueba de fidelidad, en un principio la dueña del laboratorio decidió darme el sábado libre, pero dos años después me propuso un ascenso, todo lo que tenía que hacer era presentarme en el trabajo durante cuatro horas algunos sábados. No quise aceptar el «ascenso» así que me amenazó con despedirme. Dadas las circunstancias decidí renunciar.
Fue difícil encontrar otro empleo, ofrecían buenos sueldos y prestaciones pero nadie estaba dispuesto a darme el sábado libre, algunos amigos me decían que no tenía nada de malo ir a trabajar unas horas en sábado, al final de todo, mi trabajo se trataba de servir a otros. En momentos la duda llegaba a mi mente y con tristeza me preguntaba: «¿Por qué Dios no me permite encontrar un trabajo donde pueda servirle a él y a mi prójimo?» Pero por más que lo pensaba y oraba, no parecía recibir una respuesta, así que empecé a desesperarme. Un día, un año y medio después de haber quedado desempleada, recibí una llamada de mi antigua jefa, ella necesitaba que trabajara de nuevo con ella, sus palabras fueron: «Necesito a alguien de confianza, los pacientes preguntan por ti, no te preocupes por los sábados, yo me encargo de ese problema». Dios me estaba respondiendo y acepté volver. Hoy comprendo que guardar el sábado no es problema para un hijo o hija de Dios, más bien es una bendición cuando se decide ser fiel.
Amigo, nuestros principios no son «problemas» ni «cargas» que debemos llevar. Son bendiciones que hemos recibido.
Hoy te invito a mantener la frente en alto, a no avergonzarte de ¡o que crees, pues es parte inseparable de nosotros. ¡Que Dios te bendiga!
Deborah Ángeles Castillo, México
DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018
Un futuro y una esperanza
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