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Iglesia Adventista Del Séptimo Dia

Un caso perdido — Primera parte—

Un caso perdido — Primera parte—

Devoción matutina para jóvenes 2018 365 vivencias de jóvenes como tú Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

 

«Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que la han recibido, será suya». Marcos 11: 24, NTV

 

MI HERMANO MENOR TENÍA VEINTIÚN AÑOS. Desde pequeño mis padres lo instruyeron en los caminos del Señor y él participaba en los servicios de nuestra pequeña congregación, donde servía como diácono, a pesar de ser muy joven. El era el menor de los varones, o el hijo número once, para ser más específicos. Como mis padres ya eran de edad avanzada él se encontraba a cargo de la propiedad.

Un día, mi hermano dejó la pequeña aldea, viajó a la ciudad donde mi hermana menor estudiaba y allí se dedicó a los negocios y consiguió nuevos amigos que la familia desconocía. Estas nuevas amistades influyeron para que poco a poco mi hermano se apartara de la fe. Entonces decidí tomar cartas en el asunto y qué mejor manera de hacerlo que orando por mi hermano.

Una madrugada oré mucho por él, más tarde ese mismo día lo llamé para animarlo en la fe pero él me respondió de mala manera, empezó a criticar la iglesia y sus dirigentes, algo típico de los seres humanos, preferimos culpar a otros que reconocer nuestros propios errores. La conversación concluyó y yo quedé muy triste, mi esposo notó que yo estaba afligida y preocupada y me propuso que me fuera un mes a la casa de mis padres, a lo cual accedí con gusto, ya que vivíamos a seis horas de distancia.

Después de estar algunos días en casa de mis padres me di cuenta de que mi hermano no amanecía en casa, muchas veces solo escuchaba cuando se iba con sus amigos, así que llamé a mi esposo y le conté que quería regresar a casa ya que mi hermano era «un caso perdido». Mi esposo me preguntó: «¿Cuánto tiempo acordamos que estarías allí?». «Un mes», le contesté. «Bueno —me dijo—, apenas tienes una semana. Sigue orando que algo sucederá».

¿Crees que ya has orado lo suficiente y no ves a Dios actuar? Por favor no desistas, algo está a punto de suceder, no pierdas la fe.

 

Blanca Rosa Martínez Reyes, Honduras

 

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